De Un Pajaro Las Dos Alas

La Mejorana y las páginas arrancadas al Diario de José Martí
Por Marta O. Carreras Rivery
07 de mayo de 2018

Hace 123 años, un día como hoy 6 de mayo, el alma herida de José Martí volcaba sobre las páginas de su diario de campaña como constancia y tal vez para su propio discernimiento, los hechos que habían marcado el momento más álgido y a la vez decisivo del reinicio de la contienda libertadora cubana, cuando el día anterior, los tres gigantes de la lucha por la independencia, José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo, juntos en el terreno de combate, se reunían en la finca del ingenio La Mejorana -hoy territorio de la provincia de Santiago de Cuba- para trazar la estrategia definitiva con la cual lograr en breve lapso de tiempo, la independencia de Cuba.

Cuba y Puerto Rico eran las dos últimas colonias que le quedaban al imperio español en América. Si en el primer cuarto de siglo, los ejércitos libertadores bolivarianos se habían enfrentado en sus guerras a un total de 100 mil efectivos realistas en todo el vasto territorio latinoamericano, a la altura de finales del siglo XIX, las fuerzas independentistas cubanas se verían obligadas a combatir, como último reducto del imperio, contra una concentración tres veces mayor en un territorio cientos de veces más pequeño y con potencialidades de hombres muchas veces menor. Si a esto se agrega el claramente identificado desafío que provenía de las apetencias expansionistas del vecino del norte que ya había engullido más de la mitad del territorio del fronterizo México, el gran reto del reinicio de la guerra en Cuba debía ser una estrategia de lucha superior y sistémicamente participativa para sostener su impulso y lograr su objetivo en el menor tiempo posible.

Sobrevivientes de ese encuentro, testimoniaron con posterioridad, que sentados a la mesa bajo la apacible sombra de un frondoso framboyán, con Gómez en el centro, José Martí a su derecha y Maceo a la izquierda, colocados en el extremo del primero José Maceo y del lado del Titán, Paquito Borrego y José Rabí, el tono de la discusión se tornó ríspido y cortante. Los tres grandes se levantaron y fueron a una de las habitaciones de la casona, donde se encerraron a discutir sin testigos. Nadie sabe a ciencia cierta qué temas se trataron, ni cuáles fueron las razones y los argumentos esgrimidos por cada uno, solo que tras abrirse la puerta, Gómez y Martí se marcharon del lugar entre soldados resistentes a su paso y durmieron esa noche –si acaso pudieron hacerlo- prácticamente desprotegidos con solo 20 hombres sin experiencias y mal armados, mientras Maceo juntó a sus hombres y se marchó a su campamento.

Cuenta el entonces alférez Ramón Garriga, quien como ayudante designado custodiaba en sus alforjas el diario de campaña de José Martí, que esa misma noche entregó el cuaderno al Apóstol y que al devolverlo, un día como hoy, estaban escritos varios pliegos más. Ese mismo día, recapacitando sobre su comportamiento, Maceo envió a buscar a Martí y a Gómez de regreso al campamento y fueron recibidos con toda la tropa formada y los invitó a pasar revista militar, intentando borrar el desaire ocurrido en La Mejorana.

Nadie nace perfecto para liderar una contienda; es la contienda la que entre aciertos y errores, hace brotar el genio de un líder que la encuentra y se entrega a ella. Y es la obra de la vida de los hombres en la consecución de objetivos supremos que los trascienden como personas, lo que los hace brillar entre los demás y más allá de su tiempo. No es posible imaginar un empeño tan sublime como lograr la independencia y la soberanía de Cuba, asediada siempre, en un fin de siglo tan convulso, sin imaginar contradicciones. No es en lecho de rosas donde se fraguan las grandes voluntades y las hazañas. Nacemos y morimos como humanos; nunca dioses.

Los testimonios de aquella época y las escasas referencias que se han podido acopiar en misivas escritas con posterioridad a ese encuentro, sugieren que en La Mejorana volvieron a aflorar las viejas contradicciones entre el poder civil y el poder militar que dio al traste con la Guerra de los Diez Años. Maceo defendía un poder militar sin interferencias, con un grupo legislativo que se ocupase de redactar las leyes de acuerdo al momento y que una vez conseguida la victoria, se conformara el gobierno; pero eso difería de la proyección martiana, que veía la necesidad de un gobierno civilista con funciones bien delimitadas, para el apoyo social a la causa en armas y el impulso para el logro de la ansiada independencia.

En su carta inconclusa a Manuel Mercado un día antes de morir, José Martí escribía: “…La revolución desea plena libertad en el ejército, sin las trabas que antes le opuso una Cámara sin sanción real, o la suspicacia de una juventud celosa de su republicanismo, o los celos, y temores de excesiva prominencia futura, de un caudillo puntilloso o previsor; pero quiere la revolución a la vez sucinta y respetable representación republicana -la misma alma de humanidad y decoro, llena de anhelo de la dignidad individual, en la representación de la república, que la que empuja y mantiene en la guerra a los revolucionarios”.

También existe la tesis de que en aquella reunión se debatió sobre la invasión a occidente y que Martí insistía en la necesidad de hacerla a la mayor brevedad posible, luego de conformar el Gobierno de la República en Armas en Camagüey. En ese mismo sentido, el posible disgusto de Maceo por el apoyo que el experimentado Máximo Gómez había dado a la idea de Martí de ponerlo bajo las órdenes de Flor Crombet, con quien el Titán de Bronce tenía discrepancias personales, incidente que pudo haber desatado la ira de Maceo la noche anterior.

Todo indica que también se abordó la conveniencia de la salida de Martí del campo insurrecto que Maceo consideraba imprescindible para el apoyo logístico desde el exterior, a lo que Martí se opuso hasta que no lograra llegar al Camagüey, pudiera entrevistarse con Bartolomé Masó y con Salvador Cisneros Betancourt, formara el gobierno y participara en combates. De cualquier modo, él había sido el organizador de esa guerra y le parecía indigno, no jugarse la vida por la independencia de Cuba en los campos de batalla, como así lo escribió premonitoriamente en la famosa carta a su amigo Manuel Mercado: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber —puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso…”.

A la caída en combate de José Martí en Dos Ríos, el diario de campaña fue entregado a Máximo Gómez tal y como lo dejó escrito José Martí, con todas sus hojas íntegras, según testimonió Ramón Garriga, quien llegó después a grado de coronel. Gómez lo mantuvo siempre a buen recaudo en un cofre de madera junto con el suyo, hasta que 46 años después del incidente y 36 años de su fallecimiento, descendientes de Gómez, en 1941 entregaron ambos diarios para su publicación, el de José Martí como un apéndice del de Gómez. Es en ese momento en que se suscita la polémica de las cuatro hojas arrancadas y de quién pudo hacerlo, un asunto aún sin resolver.

Se sabe que poco días después del fallecimiento de José Martí, en una carta escrita a Gómez fechada el 16 de junio de 1895, Maceo señala en alusión a la discusión en La Mejorana: “la última vez que nos vimos usted, Martí y yo, creía un poco prematuro la formación del gobierno, pero hoy lo exige la pujanza de la revolución”.

¿Qué fue en realidad lo que se discutió aquel día en el ingenio? ¿Qué lecciones nos traería como experiencia histórica para hoy? Nadie pudo plasmarlo mejor que José Martí, pero lo escrito desapareció. Refiriéndose a esos acontecimientos el historiador cubano Rolando Rodríguez en su libro “Dos Ríos: A caballo y con el sol en la frente”, publicado por la Editorial Capiro de Villa Clara en 2014, escribió lo que considero la mejor sentencia sobre lo acontecido:

“…No se trataba de que ellos hubieran elegido la empresa, sino que la empresa los había elegido a ellos, porque dada su índole descomunal, ciclópea, para ella se necesitaban leones, y los leones no se acarician. Resultaban los tres, el fino, seductor y genial José Martí; el vigoroso, enérgico y talentoso Maceo; el áspero sagaz y empeñoso Gómez, hombres hechos para mandar y para dirigir, cada uno a su forma, y no para ser mandados. Sus relaciones no podían ser, por tanto, fáciles y eso explica las divergencias. Si ellos hubieran sido de otra forma, posiblemente sus nombres nunca habrían pasado a la historia…”.

Lo que sí testimoniaron los sobrevivientes que estuvieron presentes el día en que fueron regresados al campamento Martí y Gómez, es que luego del pase de revista, Martí les explicó el giro que debían tomar las acciones en Cuba y que unos instantes después, los tres hombres se abrazaron frente a la tropa que celebró con gritos de júbilo y alborozo el significativo gesto: la lucha por la independencia y la soberanía de Cuba está más allá de todo y de todos. Y en eso radica la fuerza del proyecto en el que 123 años después aún seguimos enfrascados quienes queremos lograr que nuestra Cuba independiente, alcance soberanía plena en todos los frentes y prosperidad, lo cual solo es posible con la unión de sus hijos, que a decir de Martí significa “Con todos y para el bien de todos”.

*Marta O. Carreras Rivery, periodista y editora cubana.

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