De Un Pajaro Las Dos Alas

Proclama del Partido Nacionalista ante el sexagésimo sexto aniversario de la Revolución de Lares
Claridad
miércoles, 19 de septiembre de 2018

“Los partidos políticos gubernamentales se han disuelto. Se constituyeron para gobernar y han desaparecido porque bajo una intervención extranjera la nación no puede conferir poderes a sus propios ciudadanos porque el interventor se los ha usurpado.

Se ha desvanecido la ilusión de unas elecciones para llegar al poder.

En la lucha electoral del año 1932 triunfó en los comicios la coalición de republicacnos y socialistas. El escrutinio le adjudicó más de doscientos mil votos. Resultado que representa la mayoría absoluta de los sufragios.

La coalición se hizo cargo de la Legislatura Insular para descubrir que no existe tal Legislatura, porque está a merced del veto absoluto del Presidente de Estados Unidos; que todas las leyes del país las puede anular motu proprio el Congreso de Estados Unidos; y que son tribunales extranjeros yanquis los que fijan su interpretación. Aspiró a cargos ejecutivos, y se encontró que también estaba sujeta al capricho del jefe imperial o de sus mandatarios.

Los directores de la Coalición aspiraban a gozar por lo menos de las posiciones subalternas del presupuesto, pero con el mayor asombro, han visto a los liberales, sus opositores gubernamentales derrotados en el 1932, llamados por el poder yanqui para hacerse cargo de buenas posiciones ejecutivas y especialmente de la Administración de Emergencia, llamada la Rehabilitadora, que tiene el único fondo solvente en estos momentos.

Los directores de la Coalición aspiraban a gozar por lo menos de las posiciones subalternas del presupuesto, pero con el mayor asombro, han visto a los liberales, sus opositores gubernamentales derrotados en el 1932, llamados por el poder yanqui para hacerse cargo de buenas posiciones ejecutivas y especialmente de la Administración de Emergencia, llamada la Rehabilitadora, que tiene el único fondo solvente en estos momentos.

Los coalicionistas no se explicaban esta anomalía. Lo que sucede es que para gozar del “bien presupuestal” no se necesita ganar elecciones. El poder interventor yanqui dividirá siempre ese privilegio entre todos los partidos políticos gubernamentales, o mejor dicho, entre los hombres que le juren lealtad y cooperación, porque, ni en la selección para cargos importantes que habrá de adjudicar a determinado partido de gobierno, tomará el poder yanqui en consideración los organismos directores del mismo partido que aparece beneficiado.

A la nación se le quiere anarquizar con los partidos de gobierno, y, a éstos, desconociendo la autoridad de sus propios directores.

La Coalición pasa por la experiencia del viejo unionismo, cuando a pesar de sus copos electorales, tenía que doblegarse a la voluntad del poder extranjero que le imponía en muchos casos la hegemonía de sus opositores republicanos, derrotados en todas las elecciones.

El poder interventor siempre buscará sus instrumentos donde los encuentre, a su discreción, para asegurar el desarrollo de su política explotadora y absorbente, y reducir a la absoluta impotencia política y económica a los naturales del país.

El remedio está en rehusar patrióticamente a toda cooperación con el régimen. Los imperios existen si los ciudadanos de las naciones intervenidas se brindan de tropa administrativa para aplastar a sus propios paisanos.

Está disuelta toda entidad que no puede cumplir fin alguno. Tal es la situación de todos los partidos de gobierno, llámense liberales, republicanos o socialistas. Ninguno ha podido cumplir con el más inocente de sus postulados después de haber ganado unas elecciones. En el ‘triunfo’, han tenido que dedicarse a la vergonzosa obra de ofrecer a sus mejores hombres para servir en cargos subalternos bajo la dirección suprema de los ‘expertos’ yanquis, y así, completar la obra desmoralizadora que el enemigo ve necesario realizar para impedir el levantamiento del espíritu nacional que termine con la dominación extranjera.

La Coalición, disuelta como está, no abriga esperanzas en su honda decepción; y los liberales, conscientes, ven a su partido en ruinas, cuando sirve solamente de lazarillo a las puertas del Capitolio, manteniendo estirada una mano entera para recibir el pedazo de carne o las galletas de la ‘Rehabilitadora’.

Y esa decepción de los liberales tiene que ser bien sentida en los elementos nobles que quedan en su seno, porque, una agrupación que aspiró a representar a la patria, se ha convertido en defensora de la política de Mr. Roosevelt, quien pretende que esta gran nación, de riqueza y de dignidad legendarias admita pasivamente ante la historia, el haberse convertido en el primer país de mendigos que haya pasado por la tierra.

Los intereses económicos que se habían entregado por tantos años a esos partidos políticos gubernamentales, al ver su impotencia para resolver nada, han prescindido de ellos y todo lo esperan de Washington. El pueblo proletario, cuya fibra viril ha debilitado la propaganda gobiernista, deposita sus más caras esperanzas en las galletas y en la carne de cerdo de la ‘Rehabilitadora’.

La disolución de esos partidos es tan completa, que sus directores de mayor responsabilidad, guardan silencio o se retiran, para dar paso a figuras de segundo orden que tengan la osadía de tallar con cartas de mendicidad, cavándose a sí mismos la fosa del desprecio de lo más noble de la nacionalidad.

El país ha visto claro al fin, que, bajo la intervención yanqui no cuenta con poder alguno adquirible por el sufragio, y se dirige a Washington. No al Congreso de Estados Unidos, porque todo el mundo sabe que el Congreso tiene tiempo para ocuparse se los asuntos de Puerto Rico cuando le convenga hundir los intereses nuestros. Tampoco recurren al presidente Roosevelt, porque este señor le interesa Puerto Rico exclusivamente para pasearse él y los suyos, y después que está en Washington ordena a sus lacayos que conformen con una taza de té a los políticos baratos de Puerto Rico que pretendan importunarle en su labor seria.

Las comisiones se dirigien forzosamente a subalternos irresponsables, acompañados de corifeos nuestros, megáfonos del grosero imperialismo económico que nos exprime, que se encargan de mantener viva la imaginación criolla con el sueño eterno de una danza de millones, en cuyo sueño han de morir de hambre y agotamiento todos los infelices incautos.

El orden descendente que traza el régimen interventor yanqui, es propietario, peón y mendigo.

Y este orden es deber patriótico reversar, pero, para ello hay que suprimir toda intervención extranjera.

La propiedad nada vale si su producción no tiene mercados. El mercado yanqui, ya han visto hasta los más ciegos que está cerrado a nosotros. No contamos con nuestro propio mercado, porque no somos libres, y por nuestras aduanas, entra lo que el yanqui disponga. En represalia contra los aranceles yanquis todas las naciones nos cierran el acceso a sus mercados.

El remedio es único, y es la independencia de Puerto Rico. Está claro ya para todos que la economía es un contenido de la política.

Solamente el gobierno de la República podrá resolver en bien de la patria todos sus problemas.

El 23 de septiembre de 1868, los héroes de Lares nos enseñaron que la historia se escribe con la sangre más noble de la nacionalidad, y que la independencia, que es el supremo bien de un pueblo, se conquista solamente con valor y sacrificio.

El Nacionalismo va a Lares a invocar la memoria de los manes patrios para cumplir con su deber de constituir la República libre, soberana e independiente de Puerto Rico.

Dado en San Juan de Puerto Rico a los 16 días de setiembre de 1934, año sexagésimo sexto de la Proclamación de la República.”

Partido Nacionalista de Puerto Rico

La Junta Nacional

Presidente

Reproducido de: Pedro Albizu Campos, Obras Escogidas, 1934 – 1935, Tomo II. San Juan: Jelofe, 1981, pp. 49-52.

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