De Un Pajaro Las Dos Alas

Manifiesto del Partido Nacionalista de Puerto Rico, Movimiento Libertador, ante la pademia del coronavirus en Puerto Rico
Los puertorriqueños no pueden ir
a donde los extranjeros a pedirles nada,
ni pueden esperar nada de sus verdugos,
ni pueden esperar nada
de los degenerados de Puerto Rico.
Tenemos que levantarnos como una sola alma
y un solo cuerpo,
y movernos como seres humanos,
como una nación civilizada
de honor, de valor y de sacrificio.
Pedro Albizu Campos

La crisis que vive Puerto Rico producto de la pandemia causada por el virus SARS-COV-2 motiva este pronunciamiento del Partido Nacionalista de Puerto Rico, Movimiento Libertador. Nuestra organización ha sostenido y sostiene que sólo con la independencia y la soberanía, organizados en un estado cuya Constitución garantice el desarrollo de una sociedad basada en la justicia y la dignidad plenas de sus ciudadanos, sólo entonces, tendremos los puertorriqueños la capacidad para regir los destinos de nuestra Patria. Esta pandemia ha puesto sobre el tapete, una vez más, el naufragio de valores que se vive hoy en Puerto Rico, la incapacidad de los apoderados del imperio para actuar y el desdén de Washington hacia su colonia. También ha puesto sobre el tapete la necesidad de que todos los puertorriqueños que creemos en la libertad nos juntemos y organizadamente pongamos en acción un plan para la consecución de la independencia patria. No hacerlo nos convierte en cómplices del imperio, en esclavos, y, parafraseando a Pedro Albizu Campos, a los esclavos que no saben defender la libertad de su Patria, para lo único que sirven es para limpiar el pedestal de los déspotas.

Una introducción necesaria

Desde 1898 Puerto Rico es una colonia de Estados Unidos de Norteamérica. En el 2016, mediante la Ley PROMESA (Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act, por sus siglas en inglés) el Estado Libre Asociado (ELA) creado por la Ley Pública 600 del 3 de julio de 1950 del Congreso estadounidense, quedó definitivamente desenmascarado como lo que es: un engaño a la comunidad nacional e internacional para perpetuar el coloniaje. Con la Ley PROMESA impuso Washington una junta fiscalizadora de siete personas nombradas por el presidente estadounidense la cual representa su voluntad y cuyos poderes van por encima de toda la estructura del ELA, incluyendo al gobernador(a) y la legislatura de Puerta de Tierra. El primer objetivo de esta Junta es identificar los fondos que pudieran existir y restructurar todo el aparato del denominado gobierno de Puerto Rico a fin de allegar recursos económicos para pagar a los acreedores de Wall Steet una deuda que se le ha impuesto a los puertorriqueños y que no es otra cosa que el costo del coloniaje. Como resultado de todo este andamiaje colonialista, Puerto Rico carece de todo poder soberano: no controla sus fronteras -marítimas y aéreas- ni cuenta con una economía propia, menos aún con capacidad para contratar internacionalmente. Todas esas capacidades las reserva el gobierno estadounidense.

La pandemia y Puerto Rico

La pandemia del coronavirus que llegó a Puerto Rico con el desembarco en San Juan de unos turistas italianos del Crucero Costa Luminosa el 8 de marzo pasado, ha dejado expuesta la condición colonial y la total incapacidad de quienes dicen gobernar a Borinquen. Incapacidad para controlar sus fronteras y evitar que lleguen a su territorio aviones con gente proveniente de ciudades como Nueva York, muchas de ellas ya contagiadas con el virus. O para evitar que veleros y yates de lujo cargados de turistas de cualquier parte del Caribe lleguen a sus playas. Incapacidad para solicitar de Cuba la ayuda de su personal de la salud especialistas en el tratamiento de epidemias o para comprar mascarillas de la República Dominica. Falta de capacidad para echar a andar un plan económico para producir mascarillas o equipos médicos de protección personal, entre tantas otras cosas que resultan necesarias para el control de la epidemia y de las cuales está careciendo el personal de la salud.

A la incapacidad del llamado gobierno de Puerto Rico para atender desde el punto de vista médico, la pandemia se le suma la ineficiencia que deviene en un caos administrativo: no se ha logrado estructurar un plan de control de la epidemia donde se identifiquen las personas contagiadas, se dé seguimiento a sus contactos, se les aisle y se les atienda. Tampoco se están haciendo las pruebas necesarias ya sean rápidas o moleculares para detectar en la población a los contagiados sobre todo los asintomáticos, según recomendado por la Organización Mundial de la Salud. Ni siquiera ha sido capaz esta administración colonial de llevar un record fidedigno o al menos confiable de las personas enfermas y fallecidas.

Espanta corroborar la falta de ética y de moral que permea a los personeros envueltos en lo que se supone es el plan de acción contra la COVID-19 y sus allegados políticos que sobre el dolor y muerte que causa esta epidemia colocan sus más mezquinos intereses y sus ansias de enriquecimiento personal. Firman contratos que van de los 2.2 a los 38 millones de dólares para la compra de respiradores y pruebas rápidas por arriba de su precio en el mercado con empresas que nada tienen que ver con insumos médicos, pero que les aportarían a ellos pingües ganancias.

Fieles al retrato de un colonizado, esta administración colonial y sus personeros nada son capaces de generar que pueda significar un alivio a los casi doscientos mil empleados que se han quedado sin recibir un ingreso como resultado de las medidas de alejamiento social implementadas. Para ellos sólo la promesa hueca de un “beneficio” cuyos fondos, en la mayoría de los casos, se agotó casi tan pronto fue anunciada.

Cierto es que esta enfermedad no ha atacado a todos los sectores de la población puertorriqueña por igual. No es lo mismo cómo la sufren aquellos que viven en la abundancia en casas grandes con patios, jardines y piscinas que aquellos que viven hacinados en residenciales públicos. Tampoco es lo mismo para los que se sienten estar viviendo unas “vacaciones forzosas” y los que dependen de un ingreso diario producto de un trabajo informal del cual se encuentran actualmente privados. No se puede comparar la queja de los que piden comida por UVA o Uber Eats porque no pueden asistir a su restorán preferido y un anciano que vive solo que se ve obligado a salir de su hogar para conseguir el alimento del día. Nada o casi nada de atención ha prestado la administración colonial a aquellas personas que viven en las calles de nuestra isla. Ni siquiera se les ha orientado de qué deben hacer, a dónde se deben dirigir en busca de ayuda u orientación. Igual desdén han tenido estos funcionarios que dicen administrar la cosa pública con los miles de confinados en instituciones carcelarias del país. No cuentan con materiales de desinfección, no pueden ejercer el distanciamiento social y están expuestos cada día a que el virus les llegue con cualquiera de los guardias que todos los días viajan a sus centros de trabajo desde los lugares donde viven y hay brote del virus.

El coronavirus no discrimina, ataca a todos por igual. Discriminan con nuestra gente las condiciones socio económicas de nuestro país como resultado del colonialismo que prevalece en nuestra Patria. Nada hacemos aquellos que amamos la libertad para Puerto Rico con andar de pedigüeños ya sea con esta administración colonial o con el imperio. Absolutamente nada hacemos con ello porque la crisis actual no es más que otra muestra de los estragos crueles del colonialismo. Los remedios coloniales sólo permiten prolongar la enfermedad.

Es tiempo de reconocer que nuestra vulnerabilidad a los estragos de esta nueva enfermedad es producto de un mal más que centenario. Si no lo hacemos con una sola voz unida en rescate de la Patria, exigiendo la descolonización de Puerto Rico, seguiremos suplicando como corderos frente al látigo económico y político que será la secuela de la enfermedad.

Dado en San Juan, Puerto Rico el 20 de abril de 2020.

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